Presentación

Sobre mí

Retrato de Luis Valbuena Rubio

Mi punto de partida

Actualmente preparo la oposición al Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado, después de varios años de preparación.

Me gradué como primero de mi promoción en el doble grado en Economía Financiera y Actuarial y en Administración y Dirección de Empresas, y recibí becas de excelencia académica de la Comunidad de Madrid durante mi formación universitaria. Posteriormente, ya durante la oposición, completé un máster en Tributación, Contabilidad y Finanzas.

Podría parecer que una trayectoria académica así constituye una preparación suficiente para afrontar cualquier reto intelectual. Sin embargo, la oposición me ha enseñado justamente lo contrario: partir de una buena base no permite anticipar los obstáculos que aparecerán, ni comprender de verdad todo lo que implicará el proceso de preparación.

A lo largo de estos años he tenido que aprender cosas que no aparecen en un expediente académico, que no se enseñan en una academia y que difícilmente pueden comprenderse hasta que la vida nos sitúa ante una experiencia verdaderamente exigente: cómo trabajar cuando los resultados no llegan en el momento esperado, cómo gestionar el miedo, el estrés y la presión, cómo mantener la dirección en los periodos de incertidumbre y ante los cambios de nuestra vida personal, y cómo reconstruir la forma de estudiar, descansar y rendir cuando los hábitos y métodos que hemos interiorizado desde el colegio hasta la universidad dejan de ser adecuados para afrontar una preparación de esta exigencia.

En este momento afronto la convocatoria correspondiente a la Oferta de Empleo Público de 2025, con la aspiración de que este recorrido pueda culminar en ella. Pero esta web no nace desde la posición de quien considera que ya tiene todas las respuestas. Nace desde la experiencia de alguien que continúa recorriendo el camino y que quiere ordenar y compartir todo lo que ha aprendido durante el proceso.

Todavía sigo siendo opositor. Pero, precisamente por los años de experiencia acumulados, por los errores comprendidos, por los avances conseguidos y por todo aquello que me enorgullece haber aprendido fuera del temario, hoy puedo compartir una visión más honesta, completa y útil sobre lo que realmente es preparar una oposición.

Lo que de verdad exige una oposición

Cuando comencé, sabía que me enfrentaba a un proceso largo. Sabía que tendría que estudiar muchas horas, reducir parte de mi vida social y mantener durante años una rutina exigente.

Lo que no sabía era que comprender racionalmente esas exigencias no significa estar preparado para vivirlas.

Durante mi etapa académica pude apoyarme en una gran facilidad para comprender los contenidos y responder bien en los exámenes, preparando cada prueba con un margen de tiempo relativamente reducido. La oposición exigía algo completamente distinto: construir diariamente una preparación larga, acumulativa y dividida en cinco ejercicios, en la que no bastaba con alcanzar un pico de rendimiento antes de cada examen, porque cada prueba superada abría inmediatamente una nueva etapa con contenidos, habilidades y exigencias diferentes.

No se trata de vivir permanentemente con la ansiedad de quien se examina mañana, sino de estudiar diariamente con dirección. Cada tema, cada ejercicio y cada hora de trabajo deben acercarte a lo que necesitarás ser capaz de hacer ante el tribunal.

La capacidad facilita el aprendizaje y la suerte siempre desempeña algún papel, pero ninguna sustituye al trabajo sostenido. Algunas personas alcanzarán la plaza en sus primeras convocatorias y otras necesitarán varias. Los tiempos, las circunstancias y los acontecimientos personales no son iguales. Lo verdaderamente decisivo es construir una preparación que no dependa únicamente de momentos puntuales de motivación o intensidad.

Esa fue una de las primeras lecciones que tuve que aprender: una oposición no pone a prueba únicamente la capacidad de estudiar durante meses, sino la capacidad de sostener un estudio diario verdaderamente efectivo durante meses y años, mientras la vida continúa avanzando y coloca constantemente nuevas distracciones, cambios y dificultades en el camino.

Aprender, desaprender y sostenerse

Llegué a esta oposición sin familiares, amigos cercanos ni referentes que hubieran atravesado antes un proceso semejante. Conocía su estructura, sabía que era difícil y estaba dispuesto a trabajar. Pero no tenía un mapa real de todo lo que implicaba preparar cinco ejercicios distintos, encadenados a lo largo de muchos meses.

Partía, además, de una trayectoria académica en la que siempre había obtenido resultados extraordinarios. Estaba acostumbrado a comprender con facilidad y responder bien en los exámenes. Era lógico que, al comenzar la oposición, reprodujera en parte el método que había aprendido durante toda mi educación.

Entré —y continúo— en una academia reconocida. Asistía a las clases de Contabilidad, Matemáticas y Dictamen, preparaba el material correspondiente y acudía semanalmente a exponer los temas ante el preparador. Trabajaba muchas horas, con disciplina y constancia. No estaba dejando pasar el tiempo ni estudiando de forma superficial.

Y aquel sistema funcionaba.

En mi primera convocatoria superé buena parte del proceso y me quedé a las puertas de comenzar los ejercicios orales. Podría incluso haber aprobado entonces o en la convocatoria siguiente. Por eso, el aprendizaje que extraje no fue que todo lo anterior estuviera mal ni que me faltara capacidad para sostener el esfuerzo.

Fue más preciso y, para mí, mucho más importante.

Comprendí que cumplir correctamente con la preparación semanal no equivale necesariamente a estar construyendo la oposición completa.

Es posible asistir a todas las clases, entregar los ejercicios, preparar los temas asignados y trabajar con enorme intensidad y, aun así, no estudiar todavía con la perspectiva del examen que llegará dentro de siete, ocho o diez meses.

La lógica académica tradicional nos enseña a responder a lo inmediato: preparar la lección de la semana, completar el trabajo solicitado, reaccionar ante la convocatoria y aumentar progresivamente la intensidad conforme se aproxima cada examen.

Pero una oposición de cinco ejercicios exige otra mirada. No basta con estar al día.

La pregunta deja de ser: «¿He cumplido con lo que me correspondía esta semana?»

Y pasa a ser: «¿Lo que he hecho esta semana me acerca de verdad a superar los cinco ejercicios cuando llegue el momento?»

Esa diferencia puede parecer pequeña, pero transforma por completo la forma de estudiar.

Preparar una clase permite llegar al siguiente encuentro. Preparar una oposición exige que lo aprendido continúe disponible cuando hayan pasado meses, se hayan acumulado nuevos contenidos y cada prueba superada abra inmediatamente la siguiente.

Cuando no existe cerca una persona que haya recorrido antes un proceso semejante y se involucre en aconsejarte y acompañarte con generosidad, es difícil comprender esta diferencia desde el principio. No porque nadie te explique el temario ni porque falten instrucciones, sino porque hay aprendizajes estratégicos que solo se hacen visibles cuando uno empieza a vivir sus consecuencias.

Yo tuve que aprenderlos mediante la experiencia.

Eso probablemente haya alargado el camino, pero también me permitió vivir experiencias y conseguir los mayores aprendizajes de mi vida. Aprendizajes que considero más valiosos que la deseada plaza de la oposición.

Después de la primera convocatoria apareció una dificultad diferente.

Cuando ya existe una primera visión del temario, desaparece parte de la novedad y aumenta la responsabilidad personal. Ya no basta con seguir el ritmo marcado desde fuera. Hay que decidir qué conservar, qué reforzar, qué volver a estudiar y cómo avanzar cuando nadie puede controlar con precisión la calidad real de cada jornada.

Y es entonces cuando la oposición deja de depender únicamente del método. Depende directamente de tu capacidad de revelarte ante la incomodidad, sobre todo si el preparador que te acompaña desde el inicio de la oposición no se involucra y no te exige para sacar tu mejor versión.

Porque la vida continúa mientras uno estudia. Aparecen cambios personales, preocupaciones, incertidumbre y circunstancias ajenas al temario que afectan a la atención y a la capacidad de rendir. El problema ya no consiste solo en saber qué estudiar, sino en aprender a proteger la concentración y mantener la dirección cuando aquello que sucede fuera de la oposición también empieza a ocupar espacio dentro de uno mismo.

Cuando la vida también ocurre

La oposición no transcurre en un espacio aislado. Mientras estudias, la vida continúa.

Pueden aparecer problemas personales o familiares, enfermedades, pérdidas, rupturas o periodos en los que la propia identidad empieza a transformarse. También aparece la comparación: compañeros que aprueban, compañeros que deciden dar un paso a un lado y dejar la preparación, o un entorno que parece avanzar mientras tú continúas dedicado a un objetivo que todavía no se ha materializado.

Esos acontecimientos no se quedan fuera de la oposición. Entran contigo en la habitación en la que estudias.

El conocimiento es imprescindible, pero para poder utilizarlo hay que encontrarse en un estado que permita concentrarse, recordar, razonar y responder bajo presión. Cuando el sistema nervioso permanece demasiado tiempo en alerta, dormir se vuelve más difícil, la atención se fragmenta y tareas que antes parecían manejables pueden convertirse en un esfuerzo enorme.

Por eso, insistir simplemente en «estudiar más» no siempre resuelve el problema. A veces es necesario recuperar estabilidad antes de recuperar rendimiento.

Una oposición de larga duración pone a prueba mucho más que la memoria o la inteligencia. Pone a prueba tu identidad, tu salud, tu sistema nervioso, tu capacidad para recuperarte y el sentido que das a lo que estás haciendo.

A lo largo de este camino he aprendido a conocerme, a identificar y corregir patrones y a construir una forma de trabajar más efectiva y sostenible. He comprendido el valor del descanso, del entrenamiento físico, de la constancia, de la gestión emocional y de una vida interior capaz de conservar la dirección incluso en los momentos difíciles. Y, quizá lo más importante, todo el proceso me ha permitido construir la persona que quiero ser.

Nada de esto aparece en ningún temario. Sin embargo, condiciona por completo el resultado.

Permanecer cuando el resultado tarda

Aprobar una oposición en las primeras convocatorias constituye un mérito enorme. Exige capacidad, disciplina, constancia y una preparación extraordinaria.

Sin embargo, estoy convencido de que, cuando la plaza no llega en los primeros años, aparece una dificultad mucho mayor, aunque, en ciertas ocasiones, menos visible.

Al comienzo de la preparación, suspender forma parte de lo esperable. Muchos acabamos de salir de la universidad, estamos descubriendo la oposición y todavía no existe una presión excesiva sobre cada resultado. Empezamos acompañados de otros compañeros que se encuentran en una situación parecida, como si todos hubiéramos comenzado juntos una nueva carrera.

Con el paso de las convocatorias, ese escenario cambia.

Algunos compañeros consiguen la plaza muy pronto, con un mérito indiscutible. Otros deciden abandonar, cambiar de objetivo o emprender una vida diferente. Los grupos iniciales se reducen, el contacto se vuelve menos frecuente y la preparación comienza a sentirse mucho más solitaria.

Mientras tanto, el tiempo avanza.

Cada suspenso pesa de una forma distinta porque ya no representa únicamente un examen que no ha salido bien. Se mezcla con los años invertidos, con las expectativas, con la incertidumbre y con la sensación de que todo el trabajo realizado debería haber sido suficiente.

También cambia la mirada exterior.

Las personas que te rodean pueden apoyarte, admirar tu perseverancia y desear sinceramente que consigas la plaza. Pero eso no significa que puedan comprender por completo lo que implica seguir sacrificando recompensas presentes por un sueño, un objetivo futuro cuyo momento de llegada nadie puede garantizar.

Y es ahí donde, para mí, aparece una de las verdaderas dificultades de una oposición: seguir creyendo en el objetivo cuando el entusiasmo inicial ya no es suficiente, cuando muchos de quienes empezaron contigo ya no están en el camino y cuando debes mantener la confianza pese a que todo lo que acostumbramos a ver en la sociedad justifica que lo razonable sería abandonar.

Pero permanecer no significa resistir de cualquier manera.

Tampoco consiste en continuar por orgullo, por miedo al tiempo invertido o repitiendo exactamente el mismo método que no ha dado el resultado esperado. Permanecer significa conservar el objetivo mientras se revisan con honestidad la preparación, los hábitos, las decisiones y la forma en la que estamos afrontando el proceso.

Significa preguntarse si seguimos avanzando o, simplemente, resistiendo.

Si estamos perseverando o actuando por inercia.

Si continuamos porque el objetivo sigue siendo nuestro sueño o porque tememos aceptar cualquier alternativa.

Uno de los aprendizajes más valiosos que puedo compartir no es únicamente cómo comenzar una oposición con ambición. Es cómo atravesar los momentos en los que la ambición deja de bastar.

Cómo mantener la dirección cuando aumenta la presión. Cómo acabar abrazando la presión.

Cómo continuar sin quedar atrapado en el miedo. Cómo familiarizarse con el miedo, porque sabes que las cosas más valiosas se esconden tras él.

Y cómo utilizar cada golpe no solo para construir una preparación mejor, sino también para desarrollar mejores capacidades, aumentar nuestra tolerancia al esfuerzo y a la incomodidad y aprender a ser más felices. Porque se puede. Esa es, al menos, mi experiencia personal.

Se empieza a ser más feliz, más pleno y más decidido que cuando se comienza la preparación. Ese es uno de los premios que a muchas personas les cuesta ver: todo lo que podemos llegar a ganar antes incluso de alcanzar la plaza que todos deseamos.

¿Volvería a elegir este camino?

Muchas personas me preguntan si, sabiendo todo lo que implicaría, volvería a tomar la decisión de opositar.

Nunca he tenido una respuesta más clara: sí, una y mil veces.

No porque haya sido o esté siendo fácil. Tampoco porque quiera idealizar los suspensos, la incertidumbre o los momentos difíciles que pueden coincidir con una preparación tan prolongada. La plaza continúa siendo mi objetivo y confío plenamente en que llegará como consecuencia del trabajo. Pero ya no es la única medida con la que valoro este recorrido.

Una oposición de esta exigencia sitúa a quien la prepara ante dificultades que probablemente no tendría que afrontar si todo saliera rápido o si hubiera elegido un camino más sencillo. Obliga a elevar el nivel de disciplina, a entrenar la mente, a perfeccionar los hábitos y a aprender a conservar la estabilidad y la dirección incluso cuando las circunstancias no acompañan.

No se trata necesariamente de convertirse en una persona completamente distinta. Muchas veces ya existe la ambición, la alegría, la capacidad de esfuerzo, el cuidado de la salud o el hábito de hacer deporte. Sin embargo, un proceso tan largo obliga a desarrollar esas cualidades hasta un nivel que difícilmente se habría alcanzado de otra manera.

Se aprende a trabajar y a concentrarse con una intensidad mayor. A gestionar mejor la presión, los nervios y la incertidumbre. A distinguir cuándo es necesario exigirse más y cuándo conviene introducir un descanso sin interpretar que se está abandonando el objetivo. Y, sobre todo, se aprende a regresar al trabajo después de aquellos momentos en los que hacerlo resulta más difícil.

Pero, por encima de todo, se descubre algo capaz de cambiar la forma de entender la vida.

La felicidad no consiste únicamente en que todo sea fácil, en que los resultados lleguen pronto o en que la realidad se ajuste exactamente a lo previsto. También existe una satisfacción profunda en realizar un trabajo difícil, orientado hacia un propósito que merece la pena, y en saber que cada día se está construyendo algo que todavía no puede apreciarse desde fuera.

Es posible conservar la alegría y, al mismo tiempo, hacerla más consciente. Es posible desarrollar una confianza más profunda, no basada en la idea ingenua de que todo saldrá como uno quiere y en el momento en que lo desea, sino en la certeza de que se puede atravesar la dificultad, aprender de ella, adaptarse y continuar avanzando.

Hay aprendizajes que pueden adquirirse leyendo o escuchando a otras personas. Otros solo aparecen cuando la vida plantea un reto suficientemente grande como para exigir una evolución real. Y son estos aprendizajes, los que te acompañan toda la vida y te hacen vivir de forma plena.

Por eso, si pudiera volver atrás sabiendo todo lo que tendría que atravesar, volvería a elegirlo. No porque quisiera repetir cada dificultad, sino porque no renunciaría a todo lo que este proceso me ha permitido desarrollar ni a la persona en la que me ha ayudado a convertirme.

De ahí, si hay alguien que duda o no sabe si merecerá la pena intentar esta oposición, ya tiene mi más honesta opinión.

Por qué nace esta web

Esta página nace de la voluntad de ordenar y compartir todo lo que he aprendido y sigo aprendiendo durante el recorrido.

No pretende presentar una imagen perfecta. Quiero construirla desde la experiencia real de alguien que conoce la exigencia académica y el trabajo técnico, pero también las dificultades menos visibles que acompañan a un proceso de esta naturaleza.

Aquí iré reuniendo tres grandes tipos de contenido.

  • En Desarrollo y oposición publicaré reflexiones y consejos relacionadas con la preparación, el rendimiento, los hábitos, la gestión de la presión, el descanso y la sostenibilidad durante procesos prolongados.

  • En Materiales compartiré resoluciones de exámenes, documentos técnicos, apuntes y otros recursos de elaboración propia, preparados con el nivel de detalle y rigor que son superiores a los necesarios para el apto, que sean verdaderamente útiles.

  • En Artículos publicaré análisis sobre materias que forman parte de mis intereses académicos y profesionales, especialmente derecho tributario, contabilidad, economía, novedades normativas y jurisprudencia.

Quiero que esta página sea también un espacio de contacto: un lugar desde el que compartir experiencias y ofrecer a otros opositores parte de la orientación que a mí me habría gustado recibir cuando comencé.

Empieza de una forma sencilla, pero responde a una visión más amplia. Con el tiempo me gustaría desarrollar nuevos materiales, escribir, crear recursos formativos y, llegado el momento, ofrecer una preparación que reúna todo lo que considero que un opositor necesita: conocimiento técnico, método, estrategia, exigencia y acompañamiento.

Esta página es el primer paso de ese proyecto, y me encantaría que nos enriqueciéramos de este proceso.

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